PRÁCTICA 2. LA MIRADA DEL OTRO (ENMASCARADO)

 

La investigación narrativa radica en una metodología “que permite tomar las historias de vida como horizonte de análisis” (Tobón Cossio, 2020: 165), tomando como base fundamental el hecho de que narrar el periplo de una existencia significa una “autointerpretación de lo que somos, una puesta en escena a través de la narración” (Moriña, 2017: 9). El estudio de las diversas narraciones que integran nuestra vida representa la búsqueda del sentido de la experiencia en una existencia específica. En este sentido y, como ha postulado Blanco (2011: 139), “la investigación narrativa está dirigida al entendimiento y al hacer sentido de la experiencia”. En otros términos, esta dinámica epistemológica tiene como objeto el esclarecimiento del sentido profundo del ser y “el quehacer relacionado con la historia de vida del sujeto, […] el cual construye la mirada de sí mismo como narración y establece los derroteros que definen su esencia y existencia” (Tobón Cossio, 2020: 166).

En el marco de este enfoque eminentemente cualitativo, se inserta el concepto de autobiografía lectora, por medio del cual es posible una reconstrucción de los relatos vitales del individuo y, más allá, el acceso al imaginario que configura no solo su trayectoria narrativa, sino también su particular itinerario experiencial. En el ámbito de la ciencia didáctica, las denominadas autobiografías lectoras propician un espacio para la escritura personal de las experiencias de los estudiantes, lo cual apunta a la redacción de las vivencias del alumnado tomando como punto de partida las lecturas que lo han acompañado en el decurso de su historia en la institución formativa. Como afirman Padua y Prados (2014: 76),


mediante el pensamiento narrativo (autobiografías) damos sentido a nuestra vida y a los sucesos en los que estamos involucrados integrándolos en relatos. Las biografías del alumnado contadas y elaboradas por ellos mismos es una herramienta metodológica que pone de manifiesto las relaciones que han establecido y las estructuras en las que han desarrollado sus procesos formativos.


No hay duda: existe un camino que comienza a delinearse en la infancia y cuya trayectoria “vendrá marcada por los libros que nos dieron a leer, por las tareas de lectura que tuvimos que abordar, por los modelos de lectores que conocimos, por el modo en que nuestras experiencias lectoras nos hicieron sentir” (Granado y Puig, 2015: 44). Los docentes desempeñan un rol fundamental en el trazado de esa andadura, pero es manifiesto que también ellos han llevado a cabo su propio y singular recorrido como lectores. El relato de la experiencia lectora del alumnado resulta un instrumento de análisis que no solo potencia las prácticas y los desafíos pedagógicos, sino que apunta igualmente a un espacio de encuentro con el docente, que reconoce su propio caudal de lecturas, siendo capaz de esbozar y de analizar la trayectoria de su formación como profesional de la docencia.

Al margen de más delgadas formulaciones teóricas al respecto, se propone en lo sucesivo la posible autobiografía lectora de un estudiante de Secundaria.

 

(1) La despedida (2023), de Ana María Draghia: Siempre resulta ardua la tarea de seleccionar una única obra de esta maravillosa autora. Sin dejar de lado el marco social e histórico delimitado por la circunstancia del confinamiento, esta obra aparece ambientada en Seúl y cuenta la historia de sus personajes: Hyo-ri y Shou. Las reflexiones sobre el pasado, el presente y el futuro se conjugan en una novela que trasciende la temática amorosa para significarse desde la necesidad del perdón y la superación de las imposiciones sociales, personales y culturales.

(2) El clan sin nombre (2023), de África Vázquez Beltrán: En la línea editorial de la narrativa clásica fantástica y de ciencia ficción (Tolkien, Laura Gallego García, entre otros), esta trilogía (1. La balada de los magos; 2. La balada de los reyes y 3. La balada de los dioses) es un ejemplo diáfano de “Worldbuilding” o construcción de mundos imaginarios. En el escenario ficticio de Gaerias se desarrollan tramas cruzadas que versan sobre la magia y la batalla entre clanes.

(3) Paula (1994), de Isabel Allende: La escritora chilena Allende es una de las voces que más eco encuentran en el temario de Secundaria. Beatriz Aracil, directora del Centro de Estudios Mario Benedetti (Universidad de Alicante), se ha pronunciado a propósito del retroceso de la literatura hispanoamericana en los libros de texto. Como sostiene Víctor M. Sanchís, “seguimos utilizando en la enseñanza una visión excesivamente nacionalista de la literatura, insertando en los planes de estudios solo aquello que entra dentro del marco político del país, olvidando arraigos culturales o interrelaciones inevitables”. Paula toma como punto de partida una terrible y conmovedora experiencia personal sobre el estado de coma de la hija de la autora, sin soslayar la mirada hacia una coyuntura social, política e histórica muy precisa: la del golpe militar de 1973 y el régimen dictatorial que siguió con Pinochet. 

(4) Klara y el sol (2021), de Kazuo Ishiguro: Una novela acerca de la exploración de lo humano. El personaje protagonista, Klara, es un producto de la Inteligencia Artificial; más concretamente, es definida como una AA (Amiga Artificial) que aguarda para ser adquirida y compartir su vida en compañía de un ser humano (Josie). En la era de los imparables hitos tecnológicos, esta obra aborda la cuestión de la tecnología bajo una mirada contemporánea no desprovista de cierta melancolía. El dilema moral no deja de lado la disertación sobre emociones prototípicamente humanas como la empatía, la ternura y sobre los vínculos familiares.

(5) Por quién doblan las campanas (1940), de Ernest Hemingway: La obra del norteamericano aparece ambientada en el acontecimiento histórico de la Guerra Civil española. El lector adolescente se sumerge en un relato donde queda retratada la crudeza de los horrores del conflicto, al tiempo que surge la historia de amor entre Robert Jordan, un experto dinamitero afiliado al bando republicano, y María.

(6) Emma (1815), de Jane Austen: La novela de la autora británica constituye uno de los clásicos de la literatura universal. Emma Woodhouse es una joven inglesa que ocupa su tiempo en hacer de celestina para sus amistades, provocando a su alrededor una mañana de circunstancias divertidas que permiten sopesar las expectativas sociales de la mujer en la Inglaterra del siglo XIX. Los elementos cómicos que impregnan la obra, unidos al romance y a las maquinaciones e intrigas de la protagonista, la convierten en una novela capaz de captar al público lector adolescente.

(7) El señor de las moscas (1954), de William Golding: Tras un accidente aéreo, un grupo de niños se afana por sobrevivir en una isla desierta. Pronto se desatan los más bajos impulsos, en una espiral de violencia que culmina con el asesinato de algunos de ellos. La novela, una auténtica alegoría de la condición humana, ilustra la dificultad de fundar la sociedad sobre los principios de la civilización y la racionalidad.

(8) Las aventuras de Tom Sawyer (1876), de Mark Twain: Ambientadas en el entorno sureño del Misisipi, el protagonismo recae en dos niños: Tom Sawyer, huérfano vital e imaginativo, astuto y aventurero, que vive con la estricta tía Polly, y su mejor amigo, el asilvestrado Huckleberry Finn. El relato, cargado de humor y de ironía, constituye una crítica de la hipocresía y los convencionalismos del mundo de los adultos.

(9) El árbol de la mujer dragón y otros cuentos (2013), de Ana María Shua: La obra de la escritora argentina es una recopilación de veintitrés relatos de carácter popular tomados de distintas tradiciones. El elemento común lo comprende el protagonismo femenino alrededor de tres temáticas diferentes: el coraje, la inteligencia y la magia. La figura de la heroína, inteligente, perspicaz y valiente, transita estas narraciones abordando la reivindicación de la libertad de la mujer y el conocimiento de nuevas culturas.

(10) La composición (2000), de Antonio Skármeta: Durante la dictadura del general Pinochet, la cultura chilena experimentó una estricta situación de censura que se extendió también a la literatura infantil y juvenil. La obra fue publicada en el año 2000 por la editorial venezolana Ekaré y configura una totalidad amén de las ilustraciones de Alfonso Ruano. Su origen se remonta al cuento Temas de clase, publicado en Le Monde a finales de la década de los setenta.  

Considerada como uno de los hitos de la literatura infantil y juvenil chilena, la obra aborda el tema de la dictadura bajo la mirada de un niño (Pedro Malbrán) que retrata la crudeza de las consecuencias del régimen dictatorial. Sin duda, el álbum ilustrado de Skármeta no solo contribuye a la formación del lector literario y al desarrollo de la competencia literaria, sino que también insiste en la toma de conciencia de los valores y del pensamiento crítico y fomenta el descubrimiento de una conciencia de carácter ético.

 

Bibliografía

BLANCO, Mercedes (2011): “Investigación narrativa: una forma de generación de conocimientos”, Argumentos. Estudios críticos de la sociedad, 67, pp. 135-156.

GRANADO, Cristina y PUIG, María (2015): “La identidad lectora de los maestros en formación como componente de su identidad docente. Un estudio de sus autobiografías como lectores”, Ocnos. Revista de estudios sobre lectura, 13, pp. 43-63.

MORIÑA, Anabel (2017): Investigar con historias de vida: metodología biográfico-narrativa. Madrid: Narcea.

TOBÓN COSSIO, Juan Camilo (2020): “La autobiografía lectora: una herramienta para la construcción de sentido en el quehacer docente”, Ciencias Sociales y Educación, 9, pp. 163-173.

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